Identidad de género y orientación sexual en el TEA

Definiciones 

Identidad de género: el sentido individual de una persona de su propio género. Este no es siempre el mismo que el sexo biológico de una persona y puede quedar fuera de las categorías de hombre o mujer.

Diversidad de género: término general que se utiliza para describir a las personas que no se identifican en absoluto, o exclusivamente, con su sexo biológico.

Transgénero: personas que no se identifican con su sexo biológico. Por ejemplo, una persona a la que se le asignó el sexo femenino al nacer podría sentirse como un hombre. Algunas personas transgénero se someten a cirugía o tratamiento hormonal para que sus cuerpos coincidan con su identidad de género.

No binario: un término utilizado por algunas personas cuya identidad de género se encuentra fuera de las categorías de hombre y mujer. Algunas personas sienten que existen en un espectro y pueden definir su género como si estuviera en algún lugar entre el hombre y la mujer.

Cisgénero: persona cuya identidad de género coincide con su sexo biológico.

Disforia de género: condición médica que se refiere a la angustia que siente una persona cuando el sexo que se le asignó al nacer no coincide con su identidad de género.

Pansexual: sentirse atraído por personas de todos los géneros.

Orientación sexual: Espectro que va desde la heterosexualidad exclusiva hasta la homosexualidad exclusiva. Es la atracción sexual que experimenta una persona. 

Prevalencias

De acuerdo a un estudio por George y Stokes en 2017 con una muestra que contrasta a 90 hombres/219 mujeres TEA, versus una muestra de 103 hombres/158 mujeres sin TEA, se concluye que orientación sexual divergente (no heterosexual) y la transexualidad son más habituales en personas con TEA.

En el caso concreto de las personas con TEA, es más frecuente la homosexualidad, bisexualidad y la asexualidad si se compara con la población que no presenta un diagnóstico (George y Stokes, 2017). En concreto, estos autores señalan que, de las 309 personas con TEA consultadas, el 69.7% manifestó que no era heterosexual. Asimismo, la homosexualidad y la bisexualidad parece que son más habituales entre las mujeres con TEA que en los hombres (Bejerot y Eriksson, 2014; Gilmour, Schalomon, y Smith, 2012).

Un estudio realizado con posterioridad por Dewinter, De Graaf y Begeer en 2017, centrado en orientación sexual, la identidad de género y las relaciones románticas entre una muestra de 675 adultos y adolescentes con TEA versus 8064 personas sin TEA, apoya también estas conclusiones. En el caso de las mujeres, el 6,1% dijeron sentirse atraídas por mujeres, mientras que un 14,9% de mujeres con TEA indicaron no sentir atracción sexual ni hacia a hombres ni hacia mujeres. En los hombres, un 5,1% sentía atracción exclusiva por hombres y un 4,7% indicaron no sentir atracción sexual hacia a hombres o mujeres.

Con respecto a la identidad de género, distintos estudios sugieren que las personas con TEA se identifican, en mayor medida si se compara con la población en general, con un género diferente o expresan su identidad de género de manera distinta al sexo que le asignaron al nacer (Blumberg et al., 2013; Georges y Stokes, 2017; Strang et al. 2014).

La transexualidad es más significativa para las personas con TEA en la infancia y especialmente en la adolescencia (Glidden, Bouman, Jones, y Arcelus, 2016; De Vries, Noens, Cohen-Kettenis, van Berckelaer-Onnes, y Doreleijers, 2010).


En general, existe gran desconocimiento de cómo las características propias del autismo interaccionan con el desarrollo de la identidad de género. Pero existen algunas hipótesis:

Construcción social

Según Judith Butler, filósofa de gran influencia en los estudios psicosociales de la identidad e identidad sexual postula que estos son resultado de una construcción social, histórica y cultural y, por lo tanto, no existen papeles sexuales o roles de género biológicamente inscritos en la naturaleza humana.

Bajo esta premisa, y considerando que la gente TEA tiende a no encajar y/o a desafiar las construcciones y normas sociales, podemos teorizar que muchos se han «deconstruido» para generar sus propias ideas y conceptos sobre su identidad y orientación. 

Desarrollo y poca flexibilidad

El desarrollo de la propia identidad y de la identidad de género puede ser un momento muy delicado y confuso para la mayoría de los y las adolescentes, pudiendo serlo aún más para aquellos que presentan un diagnóstico TEA. Esto es debido a que el proceso para desarrollar su auto identificación y la exploración del género es más lento a causa de las dificultades de flexibilidad relacionadas con el TEA, que puede limitar la capacidad de la persona para adoptar el concepto de género, en comparación con aquellos/as adolescentes sin diagnóstico (Strang et al, 2018). Por ello, es necesario brindarles la oportunidad de explorar su identidad para que se minimice cualquier posible riesgo para su salud mental o física.

Así mismo, se cree el pensamiento rígido, característica nuclear del TEA, podría causar una mala interpretación de los intereses de género (Vries et al. 2010). También se ha planteado que los problemas de hiposensibilidad al tacto pueden ocasionar problemas para identificación de sus órganos sexuales externos.

Mujeres y baja identificación con el género femenino

En el caso concreto de las mujeres con TEA, la identidad de género es más significativa que en los hombres (Cooper et al., 2018), puesto que se identifican más fácilmente con el género masculino (Kourti y MacLeod, 2019; George y Stokes, 2017) debido a que, en general, no se sienten identificadas con la mayoría de las mujeres, ya que sus intereses pueden ser muy diferentes (Cooper et al., 2018), al igual que sus manerismos, formas de pensar, etc.

Un estudio realizado por Marianthi Kourti y Andrea MacLeod en el 2019, con la participación de 21 mujeres en un estudio realizado a 43 mujeres entre 21 y 52 años que fueron criadas como mujeres, la mayoría dijo que no se sentían similares a las mujeres típicas y dieron diferentes razones para ello. Algunas pensaban que era porque eran autistas y otras pensaban que tenía que ver con que la gente de su entorno las presionaba para que fueran más «femeninas». Las participantes dijeron a menudo que habían sido marimachos o que querían ser un chico cuando crecían y que sus intereses personales eran muy importantes para ellas.

Fuente principal: Cristina Hernández, Técnica de Investigación y Transferencia del Conocimiento de Autismo España.

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